No hay mucho más que agregar al título de este post.
Lo que quiero resaltar es lo lindo del diálogo entre maestro y discípulo, y de cómo se nota el gusto de Piazzolla por el jazz. A pesar de que esto fue grabado en 1970 -¡hace casi ya cuarenta años!-, las progresiones armónicas que salen del fuelle de Astor son modernísimas. Y cualquier estudiante de jazz haría muy bien en anotarlas y estudiarlas, especialmente vienen del arreglo de un tango armónicamente bastante austero como es Volver.
Qué arte, che. Y me pregunto qué hubiera dicho de esta grabación mi abuelo José, quien era fanático de Gardel, admirador de Troilo, aficionado a tocar el bandonéon, y acérrimo enemigo de Piazzolla. A veces las cosas no son tan blanco y negro, che.